“Mis acciones han sido fruto del amor que le profeso a mi Padre Amón. He seguido sus designios para éste, mi primer jubileo. La excelencia de su Espíritu me volvió sabia, y me impidió descuidar ninguno sus deseos. Mi Majestad es prueba de que él es Divino. Todo lo hice siguiendo sus designios; fue él quien guió mis pasos. No llevé adelante ninguna empresa sin su beneplácito; fue siempre él quien me indicó el camino. Su santuario me quitó el sueño; no me aparté jamás de sus dictados. Mi corazón se volvió prudente delante de mi Padre; y yo me dediqué de lleno a los asuntos que le eran más caros. No le di la espalda a la Ciudad del Soberano Señor de todos los Dioses sino que volví mi rostro hacia ella. Sé bien que Karnak es la morada de Dios sobre la tierra; del Augusto remontarse a los Orígenes. Del Ojo Celestial del Soberano Señor de todos los Dioses; el lugar atesora por él. Que ostenta su belleza y contiene a aquellos que lo siguen.”
Oración compuesta por el rey Hatshepsut 1, en ocasión de Su Jubileo.
Introducción
Hatshepsut, reina-faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Quinto gobernante de dicha dinastía, reinó alrededor de 1479 adC hasta aprox. 1457 adC. Gobernó con el nombre de Maatkara Hatshepsut, y llegó a ser la mujer que más tiempo estuvo en el trono de las "Dos Tierras". El nombre de Hatshepsut con el que se la reconoce hoy en día en principio era un título con el significado de "La primera entre las damas nobles", que también se presentaba en su forma completa de Hatshepsut Jenemetamón, esto es, "La primera entre las damas nobles que abraza a Amón". Subió al trono tras la muerte de su esposo, Tutmés II, hijo bastardo de Tutmés I, basándose en su autoproclamada condición de hija del dios Amón. De esta manera se produjo un hecho absolutamente excepcional en la historia de Egipto: que el país estuviese gobernado por una mujer. Hatshepsut abandonó el militarismo de sus antecesores y se apoyó en la burocracia y la jerarquía sacerdotal para mantenerse en el poder. Algunos de sus colaboradores, como Senenmut y Hapusenb (ambos figuras destacadas del culto a Amón), acumularon un gran poder. A su muerte fue sucedida por su sobrino Tutmés III, hijo de Tutmés II y una concubina, quien se casó con una de sus hijas, ya que ella tampoco tuvo descendencia masculina.
Ignoramos el momento exacto del nacimiento de Hatshepsut, aunque es de suponer que sucediese en la por entonces capital del estado, Tebas, a finales del reinado de Amenhotep I. Ante la falta de descendencia del faraón, el sucesor designado era el padre de Hatshepsut, el futuro Thutmose I (Tutmosis I), quien para poder legitimar su inminente acceso al trono se había tenido que casar con la princesa Ahmose. Este matrimonio trajo al mundo, aparte de a Hatshepsut, al menos a otros 3 niños, de nombres Amenmose, Uadymose y Neferubity. Desgraciadamente, y debido a la alta tasa de mortalidad infantil, sólo Hatshepsut y su hermana menor, Neferubity (y ésta sólo por un corto espacio de tiempo) llegarían a edad adulta. Además de sus hermanos de padre y madre, Hatshepsut tuvo que tener otros medio-hermanos, fruto de las relaciones de su padre con esposas secundarias y concubinas. Del único del que nos han llegado datos es de quien más tarde reinaría como Tutmosis II, un hijo de Tutmosis I y de una esposa secundaria, de nombre Mutnefert.
Nieta, hija y esposa de faraones
El padre de Hatshepsut, Tutmosis I, había logrado expandir el Imperio egipcio de manera nunca antes vista en tan sólo 13 años de reinado. Este prodigioso monarca pasaría a la historia por llevar a sus tropas al curso de un río enorme que, al contrario que el Nilo, no discurría de sur a norte, sino a la inversa: el Éufrates. A la muerte, algo temprana, de Tutmosis I, Hatshepsut era la mejor situada para sucederle en el trono, pues sus hermanos varones ya habían muerto. Es posible que incluso el propio Tutmosis I tratase en vida de asociar a su hija al trono, como así lo demuestra que la nombrase Heredera. Sin embargo, sus deseos fueron incumplidos, pues al parecer una conjura palaciega encabezada por el visir y arquitecto real, el poderoso Ineni consiguió sentar en el trono a Tutmosis II, nacido de una esposa secundaria. Hatshepsut tuvo que soportar convertirse en la gran esposa real de su hermanastro, y se cree que este fue un duro golpe a su orgullo. La joven reina era descendiente directa de los grandes faraones libertadores de los hicsos y además ostentaba el importantísimo título de Esposa del dios, lo que la hacía portadora de la sangre sagrada de la reina Ahmose-Nefertari. Es lógico que su orgullo fuera inmenso, y que no soportase muy bien la idea de supeditarse a su marido. Así, no es de extrañar que mientras su débil y blando esposo ceñía la doble corona, Hatshepsut comenzara a rodearse de un círculo de adeptos que no dejaron de crecer en poder e influencias: entre ellos destacamos sobre todo a Hapuseneb y a Senenmut. La gran esposa real se había convertido, para temor del visir Ineni, en un peligroso oponente.
El tercero de los Tutmosis
Tutmosis II tuvo un reinado muy breve, y murió en plena juventud cuando sus 2 únicos hijos conocidos aún estaban en la primera infancia. Como había pasado en la generación anterior, la gran esposa real Hatshepsut no había traído al mundo un varón, sino una niña, por lo que volvió a abrirse una crisis sucesoria. Una vez más, Ineni consiguió que la nobleza aceptara como único candidato factible a un hijo de Tutmosis II y de una simple concubina, que sería nombrado rey como Tutmosis III. No obstante, la reina viuda Hatshepsut no quería que la historia se repitiera por segunda vez, y lo cierto es que la modificó considerablemente. Dado que Tutmosis III era demasiado pequeño para gobernar, la gran esposa real de Tutmosis II asumió la regencia y pospuso indefinidamente el matrimonio entre el nuevo rey y su hija, la princesa real Neferura, única persona que podría legitimar su ascenso al poder absoluto. La situación no era rara: hubo muchos casos de regencia a lo largo de la historia egipcia, aunque nunca de una mujer a la que no la unía ningún lazo sanguíneo con el rey. Durante los primeros años de reinado de Tutmosis III, Hatshepsut estuvo preparando minuciosamente un "golpe de Estado" que revolucionaría a la tradicional sociedad egipcia. Alejó para siempre de la escena política a Ineni, y elevó a sus fieles Hapuseneb y Senenmut a los más altos cargos. Parece ser que la figura política más importante de la época fue Hapuseneb, quien unió para sí los cargos de visir y de sumo sacerdote de Amón. Con unos aliados tan poderosos, Hatshepsut tenía ahora los medios y el apoyo suficientes para sorprender al mundo.
Cuando se vio lo suficientemente fuerte, la hasta entonces gran esposa real y esposa del dios, Hatshepsut, en presencia del faraón Tutmosis III, se autoproclamó también faraón de las 2 Tierras y primogénita de Amón, con el beneplácito de los sacerdotes, encabezados por Hapuseneb. El golpe de efecto fue magistral, y el inexperto Tutmosis III no pudo hacer otra cosa más que admitir la superioridad de su tía y madrastra. Hatshepsut se había convertido en la tercera reina-faraón conocida en la historia egipcia. Hatshepsut asumió todos los atributos masculinos de su cargo (excepto el título de "Toro poderoso"), haciéndose representar a partir de entonces como un hombre y tocándose de barba postiza. Estableció una insólita corregencia con su sobrino, aunque hubo un clarísimo predominio de la primera sobre el segundo, hasta tal extremo de colocarlo en un segundo plano impropio del papel futuro que tendría Tutmosis III en la historia. Tal era el carisma y la personalidad de esta mujer. Aún así, no se puede ver de ninguna forma a Hatshepsut como una usurpadora, visión que han trasladado a nuestra época algunos autores. Al menos no se vio así en su tiempo, pues de haber sido el caso, Hatshepsut habría eliminado con total facilidad a sus adversarios o se habría producido una guerra civil. Tutmosis III no estuvo encerrado en palacio, como se ha llegado a pensar, ni tampoco Hatshepsut evitó hacer mención alguna a su existencia. La sociedad de entonces asumió sin problemas la nueva situación, y Hatshepsut gozó de uno de los reinados más prósperos de toda la historia egipcia, gracias también al apoyo recibido por Hapuseneb y Senenmut, auténticos gobernantes en la sombra.
La Teogamia
Hatshepsut no hubiera podido ni soñar siquiera acceder al trono de no contar con los apoyos que consiguió entre el clero del dios Amón en Tebas mientras era la esposa de Tutmosis II. Las cuantiosas donaciones y los privilegios que concedió a los sacerdotes, encabezados por la eminencia gris del régimen, el visir Hapuseneb, fueron una forma de pago por los servicios prestados, pues de no ser por el inmenso regalo que recibió Hatshepsut de ellos, su legitimidad habría sido menor. Y este valioso obsequio de la casta sacerdotal a la reina-faraón fue la célebre Teogamia. En la Teogamia, Hatshepsut declara al pueblo egipcio que su verdadero padre no es Tutmosis I, sino el propio dios Amón, que con su sabia previsión visitó una noche a la gran esposa real Ahmose y la permitió concebir a la mujer que estaba sentada ahora en el trono de las 2 Tierras con el beneplácito del panteón entero. Hatshepsut se declaraba por ende primogénito de Amón, y su sustituta y fiel delegada en la tierra, con lo que su figura se trocaba en completamente sagrada. Es necesario destacar que muy pocos faraones recurrieron a la Teogamia para validar su derecho al trono, y su estatus pasaba a ser poco menos que el de un dios vivo. El ardid de Hatshepsut y el alto precio que tuvo que pagar a los sacerdotes por él, le asegurarían un reinado tranquilo y sin disidencias, aunque acabaría pasándole factura a la dinastía por el, desde entonces, imparable crecimiento de los sacerdotes de Amón.
Como todo rey que accedía al trono, Hatshepsut tenía derecho a usar hasta 5 nombres diferentes: el de Horus, el de Nebty, el de Horus de Oro, y los 2 principales, conocidos vulgarmente como nombre de nacimiento y nombre de coronación. Éste último resultó ser el de Maat-Ka-Ra, es decir, "El espíritu de Ra es justo" y lo utilizó siempre conjuntamente con su nombre de nacimiento. Sin embargo, este último apelativo sufrió una serie de cambios a lo largo del reinado de Hatshepsut. Si bien la forma original del nombre de nacimiento era Hatshepsut, en numerosos monumentos aparece de formas bien distintas: añadiendo la segunda parte de nombre y quedando como Hatshepsut-Jenemetamón, masculinizándolo en parte como Hatshepsu o completamente como Hashepsu. Sólo así se puede comprender la sorpresa de los egiptólogos que descubrieron la existencia de esta mujer que jugaba en sus apariciones, siendo representada varón, con sus nombres unas veces escritos tal que había nacido hombre o mujer. Un curioso juego de intercambio de sexos que sin duda realzó su carácter divino y concentró en sí misma la dualidad que tanto veneraba el pueblo egipcio.
Actividad constructora
"El" faraón Hatshepsut dedicó la mayor parte de su reinado a embellecer el país y a restaurar los templos, con el beneplácito de sus aliados los sacerdotes. Egipto había sufrido hacía 2 generaciones la última de sus guerras, cuando el abuelo de la reina, el rey Ahmose, expulsó a los hicsos, un pueblo semita que había conseguido dominar el país durante 100 años. Como habían hecho sus antecesores, Hatshepsut invirtió mucho en borrar todos los daños ocasionados por la guerra de liberación que había elevado a su dinastía a lo más alto. Sin embargo, el centro de acción principal de la reina fue su ciudad, la pujante Tebas. Edificó la llamada Capilla Roja del enorme templo de Amón en Karnak y de las canteras de Asuán mandó hacer los obeliscos más grandes que se habían erigido en Egipto hasta entonces, y los llevó a Karnak decorados con electrum, aleación de oro y plata. Se cree que el obelisco inacabado que aún hoy se puede ver en Asuán data del reinado de Hatshepsut, y de haberse acabado habría sido el mayor de toda la historia del país.
Aunque no fue en Karnak donde Hatshepsut desplegó toda su imaginería, sino en la orilla oeste de Tebas, la necrópolis de entonces. Como era costumbre por entonces, los faraones hacían construirse, además de su tumba, un templo funerario algo alejado de ésta, que sirviera a un mismo tiempo para proteger y recordar al difunto. Hatshepsut escogió el paraje de Deir el-Bahari para edificar su templo, y encargó la tarea a su favorito, Senenmut. El resultado final fue envidiable: construido al lado del templo de Mentuhotep II, el de Hatshepsut es una de las joyas del Antiguo Egipto y uno de los destinos más visitados por los turistas. Conocido por aquel entonces como el Dyeser-Dyeseru (el sublime de los sublimes), su estructura en forma de largas terrazas y de rampas con suave inclinación, de estilo similar al de Mentuhotep II, le hacen fundirse a la perfección con la roca y el entorno.
Campañas militares
Hatshepsut ha pasado a la historia como una gobernante pacífica y que prefirió gastar parte de su tesoro en construir templos en vez de conquistar territorios, pero lo cierto es que hubo al menos 6 campañas durante sus 22 años de reinado. Hay que destacar que la mayoría de éstas no pasaron de ser meras escaramuzas o actividades disuasorias cuya única finalidad era disuadir a los siempre belicosos pueblos fronterizos de atacar a las 2 Tierras.
- Primera campaña. Era casi costumbre que al morir un faraón, los pueblos nubios atacasen las fronteras meridionales y quemasen algunas de las fortalezas del lugar, a modo de tanteo de cómo reaccionaría el nuevo monarca. Hatshepsut no se dejó avasallar y, pese a que aún era sólo reina regente, fue a Nubia y dirigió los ataques.
- Segunda campaña. En este caso los enemigos fueron tribus de Siria-Palestina, cuyos continuos ataques a los puestos fronterizos hicieron responder a Egipto. Ignoramos la fecha exacta de esta acción bélica, aunque es muy posible que acaeciese cuando Hatshepsut ya había sido coronada. Una cosa que parece segura es que la reina no viajó al frente en esta ocasión.
- Tercera y cuarta campañas. El motivo vuelve a ser Nubia. Ignoramos por qué los nubios se revolvieron tanto en época de Hatshepsut, pero las tropas egipcias fueron implacables. La tercera campaña fue en el año 12º y la cuarta en el 20º, y ambas se solucionaron sin ningún problema. Se cree que en ésta última participó Tutmosis III.
- Quinta campaña. Contra el país de Mau, al sur de Nubia. Fue inmediatamente después de la cuarta campaña, tal vez debido a una coalición de estos 2 pueblos. Existen menciones a una caza de rinocerontes, y también es probable que Tutmosis III estuviese al frente del ejército.
- Sexta campaña. Una vez más, Tutmosis III -anticipando su papel de rey guerrero que en su reinado en solitario acabaría por desarrollar con excelentes resultados- marchó a Palestina y conquistó la ciudad de Gaza, que se había rebelado recientemente. Las fechas sobre esta campaña datan de finales del reinado de Hatshepsut, quizás inmediatamente antes de morir la reina. Como se puede ver, su papel era ya meramente representativo, y Tutmosis III se había convertido en el monarca dominante del curioso tándem real.
El viaje a Punt
Otro hecho relevante del reinado de Hatshepsut fue la doble misión a Punt, el país legendario de donde procedían los mejores árboles de incienso y mirra, que probablemente estaba en la una región de la actual Somalia, aproximadamente en el año 15º de su reinado. Comandada por Nehesi, portador del sello real, la expedición fue tanto por tierra como por mar, y durante ella no sólo se dedicó la delegación egipcia a comerciar, sino que también hizo un minucioso estudio de la fauna y la flora de Punt, así como de la organización política y social del lugar. Tuvo que ser tan importante esta acción para la posición de Hatshepsut, que no dudó en decorar gran parte de las paredes del Dyeser-Dyeseru con escenas de aquel mágico periplo por el que sería recordada durante mucho tiempo por la población llana. No sólo fue un éxito al conseguir importar la preciosa mirra a Egipto, sino que trajo extrañas especies animales antes nunca vistas y generosos cargamentos de oro, marfil, ébano y otras maderas preciosas que enriquecieron considerablemente las arcas reales y las de los templos. Aun así, es extraño que Hatshepsut pusiera tanto empeño en promocionar el viaje a Punt, un país que se conocía ya desde la época de las pirámides, y sólo puede explicarse como una parte más de la intensa propaganda que distribuyó por el Dyeser-Dyeseru y por otros lugares del país con el único fin de legitimar su posición. Sin lugar a dudas, en aquel momento de su reinado, con la inauguración de su hermoso templo y el regreso de los viajeros del Punt, Hatshepsut había llegado al cenit de su gobierno.
Descendencia
Mucho se ha hablado del tema y poco se ha conseguido aclarar. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que Hatshepsut fue madre de una hija, a la que puso de nombre Neferura y cuyo cuidado encargó a su favorito, Senenmut. Se ignora el verdadero papel de este hombre en la trama; no son pocas las voces que dicen que fue él el padre de Neferura y no Tutmosis II, y que hubo una tórrida historia de amor entre el arquitecto y canciller real y la reina, una historia que pese a ser muy interesante desde el punto de vista novelesco, sigue sin estar demostrada. A favor de todo esto hay algunas pruebas, como que aparezcan en actitud ciertamente cariñosa Senenmut y Neferura, o un ostracón hallado en las cercanías del templo de Deir el-Bahari donde se ve a un faraón femenino teniendo relaciones sexuales con un hombre. Aun así, aunque cada vez más voces se alzan a favor de un romance de Hatshepsut con Senenmut, se sigue pensando que Neferura era hija de Tutmosis II. También se ha divagado mucho acerca de la posible maternidad de Hatshepsut Meritra, quien sería más tarde gran esposa real de Tutmosis III. Debido a su nombre, siempre se pensó que era la segunda hija de Hatshepsut, pero era realmente extraño que nunca se la mencionase en vida de su presunta madre, mientras que Neferura apareciese tan a menudo. Actualmente parece haber quedado claro que, pese a llevar su nombre, Hatshepsut Meritra era en realidad hija de la dama Huy, una mujer muy influyente en la corte de entonces, y quizás aquel apelativo tuviese como destino halagar a la reina-faraón. Así podría entenderse por qué cuando Tutmosis III comenzó a perseguir la memoria de su madrastra, su gran esposa real optase por llamarse simplemente Meritra.
Sin embargo, fue a raíz de la finalización del templo de Deir el-Bahari, sobre el año 15-16 de reinado, cuando la estrella de Hatshepsut comenzó a menguar a favor de la de Tutmosis III. El rey era un joven que cada vez ansiaba más el poder, y a cualquier precio. Así, no es de extrañar que en apenas un año murieran los 2 principales sustentos de la reina y sus más grandes apoyos, Hapuseneb y Senenmut. Y por si no fuera poco, poco después murió la gran esperanza, el arma secreta de la reina, la princesa Neferura. Los golpes que sufrió Hatshepsut en torno al año 16 de su reinado fueron tan grandes que a partir de entonces la reina se retiró parcialmente del cargo y el otro rey, Tutmosis III, comenzó a tomar las riendas del gobierno. Al parecer, la ambición de Hatshepsut era aún más grande y no estaba satisfecha con ser ella sola "faraón", sino que se proponía inaugurar una auténtica dinastía femenina de reyes, y por esa razón declaró "Heredera" a su amada hija Neferura. La muerte de la princesa fue tan repentina y favorable a Tutmosis III que hay quien piensa que fue intencionada, y que consiguió su objetivo: derrumbar a la reina-faraón. Hatshepsut acabó por morir en su palacio de Tebas tras un largo reinado de 22 años, abandonada por todos. Se ignora la edad de su muerte, pero suponemos que debería oscilar entre los 40 y los 50 años. Hasta ahora no sabemos cómo murió exactamente, si fue muerte natural o durante un golpe de estado liderado por su hijastro, pero hay que decir que Tutmosis III era virtualmente el único rey, y que Hatshepsut se había retirado de la lucha.
Su tumba definitiva se encuentra en el Valle de los Reyes y está catalogada como KV20. Allí existen indicios que mandó ampliar la tumba de su padre para ser utilizada también para ella. El amor y la lealtad que la hija profesó al padre tuvieron que ser tan grande que quiso permanecer junto a él toda la eternidad. A su muerte, Tutmosis III se convertiría en un gran faraón, que, emulando a su abuelo Tutmosis I, realizó numerosas campañas y ascendió a Egipto al rango de superpotencia mundial. Pero jamás lo habría logrado sin la preparación a la que lo sometió su colosal tía-madrastra. Nunca le perdonó haber asumido el trono: borró su nombre y el de Senenmut de los anales e hizo suyo el hermoso templo de Deir el-Bahari. Mas, pese a esta terrible acción -que condenaba a la reina-faraón a la muerte y el olvido eternos-, la gran personalidad de Hatshepsut, la mujer que más tiempo estuvo sentada en el torno de los faraones, ha sobrevivido a su castigo y aún hoy sigue cautivándonos desde más de tres mil años de historia.
La momia de Hatshepsut fue presentada al público en junio de 2007, después de largos periodos de incertidumbre acerca de su correcta identificación. Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades en Egipto, aseguró que se trataba del descubrimiento arqueológico más importante desde el hallazgo de la tumba de Tutankamón, en 1922. La momia pudo identificarse mediante el análisis de una muela de la misma. Así se confirmaba la teoría de Zahi Hawass, quien había afirmado previamente que la momia era de la faraona, cuando en un principió se confundió con la momia de su nodriza, enterrada junto a ella. Ambas momias fueron descubiertas en la tumba KV60 del Valle de los Reyes. Este sepulcro fue construido por la propia Hatshepsut destinado a su nodriza, a la que profesaba un gran cariño, la dama Sitra, y en él se hallaron los cuerpos de una mujer de unos 40 o 50 años y de una anciana obesa de más de 60 años, que presentaba la peculiaridad de tener el brazo izquierdo doblado en una posición claramente de reina. Fue entonces cuando se empezó a pensar que dicha momia pertenecía a Hatshepsut, dada la anómala posición del brazo. Ello generaba múltiples cuestiones, ¿cómo querría enterrarse esta mujer, como una gran esposa real o como un faraón, con los 2 brazos cruzados sobre el pecho? ¿Permitiría Tutmosis III que su madrastra fuera enterrada en la posición típica de los reyes? Antes de la verificación de la momia ya se había descubierto el hígado momificado que con toda certeza pertenecía a Hatshepsut, hallado en el escondite de momias reales de la tumba de DB320. Lo cual hizo pensar originalmente que el cuerpo de Hatshepsut se hallara entre alguna de las mujeres anónimas de DB320.
El interés que ha despertado Hatshepsut en la sociedad moderna es innegable, y las posiciones respecto a ella que tienen arqueólogos, historiadores o simples lectores no pueden ser más variadas. Hatshepsut se halla en la actualidad convertida en una maquiavélica usurpadora, en un animal político que no retrocede nada con tal de satisfacer su ambición, en una mujer que tuvo que elegir entre el amor y su reino, en una amante de la paz o en un modelo feminista, o todo esto a un mismo tiempo, dependiendo de la persona que opine acerca de ella. Por ello, no es de extrañar que exista un amplio abanico de libros dedicados a Egipto, al Imperio Nuevo o incluso a ella por completo en los que existan todos los puntos de vista posibles, y más. Tampoco falta su presencia en las novelas, que suelen pintarla como una bella y ambiciosa mujer que vivió una vida digna de ser recordada, junto a Tutmosis I, Tutmosis III o Senenmut, para algunos un faraón sin corona. Sea como fuere, es indiscutible el encanto que emana de Hatshepsut que sólo puede compararse al que rodea a otras grandes figuras de la civilización egipcia como Ajenatón, Nefertiti, Tutanjamón, Ramsés II o Cleopatra.
Otras Biografías
La reina que se vestía de hombre
Considerada por algunos "la Lucrecia Borgia" egipcia, admirada por otros como faraona ejemplar, Hatshepsut, cuyo nombre significa "la unidad de Amón delante de los nobles", fue la reina más famosa y la que gobernó durante más tiempo (1502-1482 a.C.) en el antiguo Egipto. La faraona fue hija de Tutmosis I, esposa y hermanastra de Tutmosis II y madrastra de Tutmosis III. Cuando su padre Tutmosis I murió, se desencadenó un conflicto sucesorio entre Hatshepsut y su hermanastro, hijo de una de las amantes de Tutmosis I. El conflicto se saldó a favor de su hermanastro y luego esposo, algo que seguramente causó un duro trago para el orgullo de una mujer del carácter de Hatshepsut. Tutmosis II falleció joven y dejó el trono al hijo de una de sus amantes, tal y como había hecho su padre. Esto fue ya el colmo para el orgullo herido de Hatshepsut, que debido a la corta edad del rey se convirtió en corregente hasta que se hizo proclamar faraona delante del inexperto faraón, en una maniobra que dice mucho de su astucia. Para legitimarse como reina, Hatshepsut tomó para sí todos los símbolos asociados con el faraón; así, solía vestirse con ropas de hombre y llevaba barba postiza, algo que puede comprobarse en los relieves existentes en el templo de Deir El Bahari, ordenado construir por Hatshepsut en la antigua Tebas, hoy Luxor. Aunque durante algún tiempo incluyó el nombre de Tutmosis III junto al suyo en los documentos oficiales, a partir de su noveno año de reinado el nombre de éste desapareció del mapa. Entre las estrategias de Hatshepsut para mantenerse en el trono estuvo ganarse el apoyo de la clase sacerdotal, que creó el mito de que Hatshepsut era hija del dios Amón-Ra. Además, el oráculo de Amón proclamó que era el deseo del dios que Hatshepsut fuese faraona. Aunque se embarcó en algunas expediciones de guerra, puede considerarse el reinado de Hatshepsut una época donde predominó la paz. Hatshepsut fue madre de Neferure, hija de Tutmosis II, a la que crió como futura reina, pero que murió siendo aún niña. Poco después de la muerte de su hija, Hatshepsut falleció por causas aún no aclaradas, tras dos decenios de reinado. Su hijastro y sobrino Tutmosis III, despechado por la usurpación de su tía, ordenó retirar la imagen y el nombre de Hatshepsut de la lista de faraones. Dicen las malas lenguas que el mismo Tutmosis III tal vez tuvo algún papel en la temprana muerte de la hija de Hatshepsut, quizá temeroso de que también la hija fuera usurpadora, como la madre. "Estrella" de la pujante XVIII Dinastía, a ella está dedicado el famoso templo de Deir al Bahri, una de las atracciones más visitadas de la ciudad de Luxor y obra del arquitecto Senmut, el favorito de la reina y probable amante. Fue allí, en Deir al Bahri, donde se produjo en 1997 una de las matanzas más sangrientas de la historia contemporánea de Egipto, cuando 2 terroristas de la Yemaa Islamiya dispararon sobre un grupo de turistas y mataron a 58 de ellos, además de 4 acompañantes egipcios. El sangriento suceso devolvió a Hatshepsut a la primera página de los periódicos, pero luego volvió a dormir el sueño de los justos hasta que hoy fue presentada su momia por todo lo alto.
El misterio de la momia olvidada
La momia de Hatshepsut, la poderosa faraona del antiguo Egipto, no reposaba en ninguna de las tumbas construidas en su honor en el Valle de los Reyes. La momia de 3 mil 400 años yació durante años olvidada y anónima en los sótanos del Museo Egipcio de El Cairo. Ahora, los egiptólogos afirman que han logrado identificar positivamente el cuerpo momificado de la faraona, la soberana más famosa de Egipto. Según el jefe de antigüedades del Museo de El Cairo, Zahi Hawass, “se trata del descubrimiento arqueológico más importante encontrado en Egipto desde el hallazgo de la tumba de Tutankamón, en 1922”. Los arqueólogos esperan que la momia faraónica desvele los misterios que han rodeado a su muerte y su subsiguiente desaparición. “Es un hallazgo bastante importante” dijo Juan de la Torre, vicepresidente del Instituto Internacional de Egiptología. “Pero habrá que esperar a que esta identificación se compruebe en un 100 por ciento, porque faltan aún algunos resultados definitivos”, afirma. En el estudio participó un equipo internacional de científicos encargado de verificar la identidad de la momia en un laboratorio de ADN instalado para ese propósito cerca del museo. Y afirman que la evidencia más importante que llevó al hallazgo fue un hueco entre los dientes de la momia. Éste, dicen los arqueólogos, encaja perfectamente con un molar hallado dentro de un vaso funerario grabado con el nombre de Hatshepsut.
- Eliminada: Hatshepsut fue una soberana de la 18ª dinastía que reinó durante cerca de 21 años en el siglo 15 a. C. Fue la segunda mujer que se sabe asumió el poder formalmente como Soberana del Alto y Bajo Egipto, después de Sobekneferu, de la 12ª dinastía. “Es un personaje muy carismático -dice Juan de la Torre- ya que no le correspondía gobernar y sin embargo se impuso sobre su hermano Tutmosis II, y sobre el heredero legítimo al trono, Tutmosis III”. “No es que hiciera grandes cosas -agrega-, más bien su fama se debe a las circunstancias en que llegó al trono”. Hatshepsut se vistió como hombre -incluida la barba postiza- y se autoproclamó “faraón de Egipto”. El poder de Hatshepsut se extendió a lo largo y ancho de Egipto y logró un reinado próspero. Fue además una constructora prolífica del antiguo Egipto, ya que comisionó cientos de proyectos arquitectónicos. Hoy en día, su templo funerario cerca del Valle de los Reyes, en el alto Egipto, es uno de los monumentos más famosos. “Pero después de su muerte su memoria fue perseguida -dice el egiptólogo- en lo que se piensa fue una venganza de Tutmosis III”. “Y después los posteriores faraones se encargaron de omitir el nombre y legado de Hatshepsut de las listas reales y registros históricos”. Los monumentos en honor de Hatshepsut fueron destruidos y su momia fue retirada de su tumba, lo que rodeó a su muerte de misterio.
- Dudas: En 1903, Howard Carter descubrió 2 momias en la KV-60 (tumba 60 del Valle de los Reyes). Se dice que éste ha sido uno de los hallazgos arqueológicos más desconcertantes, ya que contenía 2 momias de mujeres no identificadas. 3 años después se logró identificar a Sit-ra, la nodriza de Hatshepsut, pero la otra momia fue colocada en los sótanos del museo de El Cairo y abandonada hasta 1990. Desde entonces se especuló que podría ser la faraona, por el hecho de que su brazo izquierdo estaba doblado en una posición que se cree caracterizaba a los entierros reales. También llevaba una máscara de madera, posiblemente, dicen los arqueólogos, para poder colocar la barba falsa. Algunos expertos, sin embargo, no se muestran muy convencidos con el uso de la tecnología de ADN para identificar a la reina. Afirman que se necesitan más muestras de ADN de otros individuos de la misma familia para poder hacer una comparación de las secuencias genéticas. “Este estudio comparó el ADN de esta momia con la abuela de Hatshepsut, Nefertari”, dice Juan de l Torre. “Ahora se necesitará hacer más pruebas de ADN a otras momias. Por ejemplo, habría que compararla con el ADN de su padre, Tutmosis I” agrega el egiptólogo. “El problema es que también hay dudas con la identidad de esa momia -dice-, así que habrá que seguir estudiando a algunos otros de sus familiares para estar seguros de que realmente se trata de Hatshepsut”.
Hoy toca historia de mujer singular, en este caso nos remontamos al antiguo Egipto, a la XVIII dinastía, donde nos encontramos a Hatshepsut, una de las pocas mujeres que llegó a ser faraón. Si bien no fue la única y ni siquiera la primera, fue seguramente la que mayor poder alcanzó. Hatshepsut fue hija del faraón Tutmosis I, gran guerrero y constructor (él comenzó las obras del templo de Amón en Karnak). A éste le sucedió su hijo Tutmosis II, que se casó con su hermanastra Hatshepsut, cosa corriente en el antiguo Egipto, ya que las uniones entre miembros de la familia real venían condicionadas por la sucesión. Tutmosis II era débil y tenía mala salud y reinó brevemente. A su muerte en 1475 a.C. dejó como heredero a Tutmosis III, hijo de otra esposa, Mutnefer, y al mismo tiempo sobrino e hijastro de Hatshepsut. Tutmosis III era demasiado joven para gobernar y Hatshepsut asumió la regencia, ya que tenía preparación para ello: sabía leer y escribir y había sido educada junto a sus hermanos varones. Hatshepsut fue consolidando su poder, se ganó el apoyo de los sacerdotes de Amón, desarticuló algunas conjuras contra ella y al llegar Tutmosis III a la mayoría de edad no le cedió el trono y siguió reinando como un auténtico faraón.
Para acallar las protestas de quienes se negaban a ser gobernados por una mujer, los sacerdotes inventaron un mito según el cual Hatshepsut había sido engendrada por el mismísimo Amón, el cual, habiendo adoptado la figura de Tutmosis I, tuvo relaciones con la esposa de éste con el fin de darle una hija que gobernaría Egipto. Además Hatshepsut se disfrazó de hombre e hizo que se la representara en las esculturas con atavíos masculinos, barba incluida. Se mantuvo más de 20 años en el poder, durante los cuales su país gozó de relativa tranquilidad y prosperidad. Sometió a los rebeldes nubios y envió una expedición al sur en busca de especias. Su muerte es un misterio. No se sabe cómo y cuando murió, aunque debió ser hacia 1458 a.C. Hay una teoría según la cual Tutmosis III, cansado de que su tía y madrastra ocupara su lugar, conspiró contra ella, la asesinó y ordenó borrar todo rastro del hecho vergonzoso de que una mujer hubiera ocupado el trono de Egipto. Lo cierto es que Hatshepsut desapareció repentinamente de la historia.
La momia de Hatshepsut
Martes, 26 Junio, 2007
Martes, 26 Junio, 2007
Las autoridades arqueológicas de Egipto anunciarán mañana que una momia descubierta en 1903 pertenece a Hatshepsut, una de las pocas mujeres en la historia del antiguo Egipto que gobernó como faraón. Durante años se ha especulado con la posibilidad de que una de las 2 momias de mujeres encontradas en una pequeña tumba perteneciente a Sitre In, la nodriza de Hatshepsut, fuese la de la propia reina, pero los investigadores nunca se habían pronunciado definitivamente. Zahi Hawass dará mañana miércoles una rueda de prensa en la que se espera que presente pruebas del descubrimiento, que podría ser, según afirma, el “más importante desde la tumba de Tuntakamon“.
Identifican la momia de la faraona Hatshepsut por una muela
EFE. 27.06.2007 - 11:37h
- La momia se encontraba en el tercer piso del Museo Egipcio de El Cairo.
- Es una de las reinas más famosas del Egipto faraónico.
- Comparan esta identificación con el descubrimiento de la tumba de Tutankamón.
La momia de la faraona Hatshepsut ha sido finalmente identificada gracias a una muela, según ha revelado este miércoles el secretario general de Consejo Supremo de Antigüedades egipcio, Zahi Hawass. La momia se encontraba en el tercer piso del Museo Egipcio de El Cairo, junto a la de la nodriza que amamantó a Hatshepsut, y durante meses ha habido confusión sobre su identidad. Hawass había anunciado que hoy daría a conocer "el descubrimiento más importante en la egiptología desde 1922", fecha del descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón por el británico Howard Carter. Hatshepsut es una de las reinas más famosas del Egipto faraónico: gobernó entre 1479 y 1458 A.C., y fue una de los más importantes gobernantes de la pujante XVIII dinastía. A ella está dedicado el famoso templo de Deir al Bahri, una de las atracciones más visitadas de la ciudad de Luxor.
Identificada
La identificación ha sido posible tras analizar un diminuto fragmento de una muela hallado en un vaso fúnebre con el nombre de la reina en el templo de Deir al Baheiri, que coincide con unas piezas dentales fracturada de la momia.
LA REINA HATSHEPSUT
Esta mujer fue hace 3.500 años la persona más poderosa del mundo. Se atrevió a titularse esposa e hija de dios y gobernó Egipto 20 años, dejando grandiosas obras arquitectónicas. Las tierras del Nilo emergían un año más después de la inundación, resucitando de nuevo tras la muerte, y los brotes de cereal comenzaban a aparecer en la tierra húmeda. Amanecía un día especial para Hatshepsut, el primero de los cinco del Heb-sed la Fiesta de Jubileo, destinada a celebrar su reinado y renovar sus fuerzas, al igual que el Nilo volvía a crear cada año el mundo. El quinto día del ritual se disparaban cuatro flechas al aire, una dirigida a cada punto cardinal, Norte, Sur, Este y Oeste, señalando su poder sobre los cuatro confines del país más poderoso, culto y avanzado del momento. Llevaba años preparando este día, vigilando la talla de su obelisco y reconstruyendo el templo de Karnak, que su amado padre Tutmosis I había comenzado a dotar de la riqueza y la belleza que merece el dios Amón. Se hicieron bajo las órdenes de Tutmosis cuatro gigantescos obeliscos con las puntas de oro reflejando el sol.
También ella había mandado realizar la Capilla Roja recubierta de, el único metal que merece acercarse al lugar donde se guarda la imagen de dios, con su barca procesional. Thuty, el mejor artista del momento, fue el encargado de esculpir la magnífica barca "revestida de oro, para que ilumine con. Sus destellos las Dos Tierras". La emoción y el fervor místico inundaban su cuerpo de hija de dios, mientras vestía las ropas rituales; y un cierto cansancio anidaba en un punto de su pecho. Era propio de su segunda naturaleza, la de una mujer de 35 años, abrumada por 15 años en el poder y sorprendida de su propia insólita historia. Porque, a pesar de su falsa barba y de sus cetros propios de faraón, ella era una mujer y como tal se creía imperfecta y secundaria. ¿Qué extraños designios la habían llevado a ocupar un lugar sólo reservado a los hombres? Sí, es extremadamente inusual que una mujer asuma la función real en el Egipto antiguo. Sobre la persona de Hatshepsut confluyen una serie de circunstancias que hacen posible esa anómala situación, dice José Ramón Pérez Accino, un español profesor de Egiptología en el Birkbeck College de la Universidad de Londres. El hecho era tan extraño en aquella civilización, que son pocos los casos que se conocen.
Entre ellos, los de Nitocris, Sobeknefrure y Cleopatra. De la reina Nitocris no existen rastros arqueológicos, aunque sí figura en la lista de monarcas del Imperio Antiguo. Hay referencias de los historiadores Manetho y Herodoto a su "cutis claro y sus sonrosadas mejillas", y leyendas que la identifican con Rodophis, una cortesana que vivió el cuento de Cenicienta cuando un ave robó su sandalia mientras se estaba bañando y la dejó caer en el regazo rey de Menfis, que buscó hasta encontrar a la poseedora del delicado pie que había calzado la zapatilla. Pero también se la relacionó con una malvada Rhodophis, cuyo espíritu ronda desnudo la pirámide de Gizeh, llevando a la perdición a quien se prenda de su belleza. Si tuviera el carácter de la pérfida, puede que fuera cierta la legendaria venganza de Nitocris por la muerte de su marido. Herodoto contaba que sentó a la mesa a los asesinos y mandó inundar la sala donde se disponían a deleitar un banquete. Luego Nitocris suicidó arrojándose a brasas dientes. Las mujeres reinaron sólo en épocas de crisis Tanto Nitocris como Sobeknefrure y Cleopatra, ocuparon el poder en Egipto en épocas de crisis y las dos primeras duraron muy poco tiempo (dos y cuatro años respectivamente). Por otro lado Sobeknefrure, que no se sabe si era hermana o esposa de Amenemhat IV, parece haber sido un monarca discreto y prudente y nunca se colgó la barba de faraón. Hatshepsut era distinta y, al rememorar su vida aquel primer día de la Fiesta de Jubileo, no podía menos que maravillarse de su propia biografía. Uno de sus recuerdos más vívidos era aquel día en Karnak que, con nueve años y acompañada de su madre Ahmes, del visir Ineni y de los hermanos que nunca llegaron a crecer, vieron llegar a su padre, que volvía victorioso después de un año de guerra.
Uno de los jefes del ejército, el almirante Ahmose, describió el paseo del faraón en barco por el Nilo, con el cuerpo del vil príncipe nubio enemigo colgado boca a abajo, atravesado el pecho por una flecha disparada por él mismo. Tras aquella demostración del poder y el valor de Tutmosis I, la bondadosa nodriza Inet, una auténtica madre para Hatshepsut, se llevó a todos los jovencitos de cabeza rapada a la escuela del templo de Amón, donde los sacerdotes los educaban, junto a otros niños de la corte. Allí, Hatshepsut copiaba y memorizaba doctrinas y era instruida en el culto religioso, lo que completaba las enseñanzas de protocolo, administración y buenos modales seguramente impartidas por su madre Ahmes. Hatshepsut se había enfrentado a la realidad desde niña. A sus 12 años ya habían muerto sus dos hermanos menores y el mayor y heredero del trono. Ella era la única hija viva de Tutmosis I y Ahmes y tenía la desgracia de haber nacido mujer. Por eso, Tutmosis nombró como heredero a un hermanastro de Hatshepsut, el hijo que había tenido con la concubina probablemente de sangre real Mutnofret, y se lo dio a ella por esposo. Debía reinar con el nombre de Tutmosis II y a Hatshepsut le quedaban los títulos de Hija del Rey, Hermana del Rey, Esposa del Rey y Gran Esposa del Rey. "En Egipto no existía el concepto de reina, sino el de gran esposa real, que convivía con el faraón junto a otras esposas reales que no son grandes, y a las que en ocasiones se las llama concubinas"
Los títulos que recibía la adolescente Hatshepsut coincidían con el significado de su nombre: "la más noble de las damas". Y si son realmente biográficos los relieves del templo de Deir-el Bahari que ella mandó después construir, había acudido con su padre -¿como una aprendiza?- a algunos ritos religiosos que se desarrollaban en los templos desperdigados por el Nilo. La muerte de Tutmosis I hacia el 1483 a. de C. fue el único hecho desgraciado de aquella época. Tutmosis II fue coronado inmediatamente y recibió los nombres de "el Horus Viviente, el Dios Bueno, el Hijo de Ra, el Gran Dios, el Señor del Horizonte, el Rey del Alto y del Bajo Egipto". No todos estaban conformes, las sublevaciones nubias en el sur del país habían sido e iban a ser constantes. El faraón envió sus tropas a reprimir las ansias independentistas, pero, al contrario de su padre, no se puso al frente de ellas. ¿Se lo impidió tal vez una precaria salud? ¿Qué circunstancia impulsaba a Tutmosis II a no actuar como sus predecesores y sucesores?
En esta época, Hatshepsut "parece que fue una mujer de comportamiento modesto y totalmente convencional, aceptó los títulos y dejó que la retrataran prestando el debido apoyo propio de una esposa a su maridó", escribe Joyce Tuldesley en su libro Hijas de Isis. Mientras la figura de Tutmosis II quedaba muy desdibujada, su esposa, fértil como las tierras que baña el Nilo, cumplió pronto su principal obligación de tener hijos. Sólo había un problema: que los dos retoños que nacieron también eran mujeres, Neferure y Meritra-Hatshepsut. De nuevo el sexo femenino aparecía como una maldición en su vida y no puso objeción a que Tutmosis II nombrara su heredero a un pequeñísimo infante también llamado Tutmosis, que era hijo suyo con la concubina Isis. Pero nada sucedió como estaba previsto porque había alguien muy especial en aquella familia: ella. Al final del segundo año, Hatshepsut empezó a acaparar poder. Ineni lo contó así: "Tutmosís II se dirigió al cielo y se unió con los dioses. Su hijo se erigió en su lugar como rey del Doble País. Reinó sobre el trono de quien lo engendró. Su hermana, la Esposa Divina Hatshepsut, dirigía los asuntos del país de acuerdo con su propia voluntad".
Retratada con ropas de hombre "Su toma del poder fue tanto un acto de ambición personal como un mecanismo de defensa dinástica. Para Hatshepsut, ella era el único rey auténtico por derecho de sangre, descendiente directa de Amón. Tutmosis III, en cambio, era sólo un bastardo, a quien la ley sólo podía hacer rey secundario." El país caía rendido a los pies de alguien que no ocultaba su sexo, pero que se hacía retratar con ropas de hombre y barba de faraón. Y para que todos supieran quién era, adoptó el nombre real de Maatkare. El maat significaba para los egipcios la idea de la estabilidad, la justicia y la verdad. El faraón era precisamente el encargado de velar para que el desorden, en permanente acecho, no destruyera el maat. El faraón, un auténtico dios en la tierra que poseía los principios masculino y femenino en sí mismo, no podía ser otra cosa que un hombre, aunque ninguna ley escrita lo dijera. Fue excepcional el hecho de que Hatshepsut se autotitulara Maatkare y de que escribiera: "Soy en verdad su hija -la del dios padre Amón-, que le sirve y conoce lo que él ordena". "Las razones hay que buscarlas en el hecho de que Tutmosis I es el iniciador de una nueva tradición dinástica que su hija se ve obligada a continuar tras su muerte y la de su medio hermano y marido.
El hecho de que ella desempeñara el cargo sacerdotal de esposa del dios, depositaria de cierta legitimidad religiosa es fundamental. Algunos de sus coetáneos la odiaban tachándola de ambiciosa, pero también obtuvo apoyos; los sacerdotes del templo le agradecieron que elevara a Amón sobre otros dioses, y en la corte, su incondicional Hapuseneb relevó al anciano INEN. De todos los que la rodeaban, hubo alguien especial. Se llamaba Senenmut y, a pesar de no ser aristócrata, llegó a Superintendente de los Aposentos Privados, Jefe de los Trabajos Reales, Administrador de la Reina, Padre de la Hija Real Neferure y una docena de cargos más. Senenmut pudo ser su amante ¿Fue de verdad el compañero en la vida real de una mujer que estaba desposada con dios? Nunca lo sabremos porque habría sido necesario entrar en su alcoba, pero es bastante probable que el favorito fuera su amante. Hatshepsut debía guardar oculta su naturaleza humana, pero Senenmut no era tan discreto, se responsabilizó de la construcción de los monumentos más importantes de Tebas aunque no era arquitecto, fue el tutor de su hija mayor Neferure, se edificó una tumba junto a la de Hatshepsut y tuvo la "osada decisión de decorar el techo con motivos astronómicos, aunque sólo los reyes tenían el derecho de usar la iconografía astral", escribe Begoña del Casal en su libro Hatshepsut, la primogénita del dios Amón. La situación durante la Fiesta de Jubileo no dejaba de ser chocante. Mientras ella se vestía para ser Confirmada como faraona, tenía presente que el joven Tutmosis III, su sobrino e hijastro, también era el faraón. Y existía una joven, su hija Neferure, que además de prometida de Tutmosis III, podría heredar el trono de ella. Los que tildaban de ambiciosa a Hatshepsut decían que Tutmosis III odiaba a su tía regente. Sin embargo, podría haberla relevado de su puesto cuando ya tenía la edad suficiente para gobernar solo y no lo hizo. "Mi opinión es que Tutmosis III no la vio como rival -dice esto sucedió 20 años más tarde. Y además de huellas arquitectónicas indelebles Hatshepsut dejó a las civilizaciones posteriores la idea de que no hay nada imposible, ya que una mujer, hace 3.500 años, pudo llegar a ser dios.
Hatshepsut
Aunque Hatshepsut pudo haber sido simplemente una reina, gobernó como rey. Como faraón de la célebre decimoctava dinastía, se convirtió en una de las más importantes legisladoras femeninas de Egipto, con incluso más poder que las famosas Cleopatra o Nefertiti. Cuando su regencia finalizó, ella y su nombre desaparecieron en la oscuridad… Su historia es una de las más enigmáticas del Antiguo Egipto. Hatshepsut le robó el trono a su hijastro vestida como un hombre (luciendo una falsa barba propia de los reyes y haciéndose llamar “faraón” (en lugar de reina). Su poder e influencia alcanzó todos los lugares de Egipto hasta que se desvaneció. Hatshepsut no sólo murió rodeada de misterio sino que alguien sistemáticamente borró todo rastro de su existencia: su nombre desapareció de los registros históricos y sus monumentos fueron derribados. Ni tan siquiera su cuerpo fue hallado.
Durante años, el Dr. Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, ha tratado de esclarecer este misterio. Sumergiéndose en las criptas subterráneas y en las cámaras funerarias que se localizan bajo el suelo de Egipto, este prominente arqueólogo investiga cuatro misteriosas momias que podrían corresponderse con los restos de la reina faraón desaparecida. Para ello, cuenta con un impresionante abanico de herramientas tecnológicas. Un equipo internacional se encargará de dirigir varios análisis forenses que permitirán, gracias a la utilización de escáneres de alcance corto, generar imágenes detalladas en 3D de las momias. Además, y por primera vez, este mismo equipo realizará innovadoras pruebas de ADN ancestral para estudiar a la familia real egipcia. El siglo XXI podrá analizar el ADN de los faraones. Gracias a ello, quizás consigamos algunas respuestas al caso de la reina desaparecida. Lo que el Dr. Hawass y su equipo esperan encontrar, pasará probablemente a los anales de la historia.
Durante años, el Dr. Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, ha tratado de esclarecer este misterio. Sumergiéndose en las criptas subterráneas y en las cámaras funerarias que se localizan bajo el suelo de Egipto, este prominente arqueólogo investiga cuatro misteriosas momias que podrían corresponderse con los restos de la reina faraón desaparecida. Para ello, cuenta con un impresionante abanico de herramientas tecnológicas. Un equipo internacional se encargará de dirigir varios análisis forenses que permitirán, gracias a la utilización de escáneres de alcance corto, generar imágenes detalladas en 3D de las momias. Además, y por primera vez, este mismo equipo realizará innovadoras pruebas de ADN ancestral para estudiar a la familia real egipcia. El siglo XXI podrá analizar el ADN de los faraones. Gracias a ello, quizás consigamos algunas respuestas al caso de la reina desaparecida. Lo que el Dr. Hawass y su equipo esperan encontrar, pasará probablemente a los anales de la historia.
Conclusión
La reina Hatshepsut, hija del dios Amón, vive en el palacio faraónico, en la Tebas de hace 3000 años. Mujer de extraordinaria belleza, inteligencia y valor, y más hábil para lanzar la jabalina que el mejor de sus guerreros, Hatshepsut tiene desde la infancia una inmensa ambición, llegar un día a ser faraona; encarnar a Egipto. Pero según la costumbre, que tiene fuerza de ley, ninguna mujer puede gobernar el legendario reino del Nilo. Así, a pesar de los felices designios que la acompañan, la reina Hatshepsut deberá luchar contra las envidias y las oscuras supersticiones. Pesada es la corona de Egipto y amargos son los frutos del poder.
Bibliografía:
- Pauline Gedge, La Dama del Nilo
- Selecciones, La Princesa del Nilo de Pauline Gedge

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